¿Cuándo llegué, cuándo me voy?

Llegaba tarde a veces, pero entre más días pasaban, más tarde llegaba. Al principio la reunión había comenzado y me miraban con recelo. Semanas después entré en medio de todo interrumpiendo cualquier diálogo y para fin de mes llegué al final. Al principio se enojaron todos, luego quisieron entender, pero no pueden, porque no entiendo yo y menos ellos. Así que por fuerza de costumbre y después de varios años llegando yo tarde, comenzaron a despedirse cuando me saludaban y saludarme al despedirse, y no me guardaban puesto alguno en la reunión, ya que al llegar yo entraba y salía de inmediato.

Y sin embargo, sin planearlo nunca, hoy llegué temprano. Fue tal mi vergüenza a que me vieran cambiando mi rutina y tanta mi culpa por perturbar la costumbre que yo mismo forcé, y tanto mi terror al enojo de los míos, que esperé sentado afuera hasta el final para llegar tarde como siempre.

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