De mi corazón que se fue

Se fueron un par de cosas con él. Entre ellas, mi disgusto por el helado de lúcuma por ejemplo. Pero sé que hay más. En las tardes como esta, o en los días grises como este, entiendo: una parte de la memoria que se fue no volverá, y ese olvido involuntario me busca por las noches, me grita en las mañanas y, aunque ya no podemos encontrarnos, se ha encargado para mandarme algunos mensajes: ahora no paso por cierta esquina, no hablo de ciertas cosas, me atrevo a algunas nuevas y algunas viejas que quise tanto dejé de quererlas. Este último punto me preocupa: la memoria me avisa, cada cierto tiempo, que hay algo que quise mucho y que perdí, en ese año ahora olvidado. He visto a la memoria darme pistas, que son palabras o música o un perrito en la esquina de Reina con Angol, o un pancito que me como a la once. No funciona, y no recuerdo. Pero sin razón aparente, el que la memoria me hable y me diga “recuerda eso que quisiste tanto” me tranquiliza. Espero algún día encontrar esa página que se llevó el corazón, y poder entregar esa palabra que hay guardada, que sigue esperando a que vuelva eso que tanto quise.

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