El secreto de los perros

Todos los perros de varias cuadras a la redonda se acercaron al Mapocho. Al lado de una gran piedra cavaron un día. El día fue tan corto que cavaron otro más. Veinte perros partieron: hoy son cuarenta. Los vecinos, alarmados por el ruido y el polvo levantado pidieron ayuda y bomberos trató, pero en vano: ahora son 400 perros. Todos cavan día y noche sin parar. Algunos, arrastrados por el lento río espeso han muerto pero los otros no miran, porque solo cavan, solo pueden cavar.

Luego de unos días la alarma crece y se teme una plaga. El ministerio de salud acude y ante el espectáculo de casi mil perros cavando en el Mapocho, deciden actuar y ahora defensa acude. Disparan contra los perros, que llevan varios metros ya hundidos en la tierra. Defensores acuden, protestas comienzan y perros llegan. No los he podido contar pero la mancha de perros cavando solo crece.

Pasa una semana y los perros ladran. Es un espectáculo y ya la gente pasa horas viendo tal locura animal, pero el ladrido es nuevo. ¿Encontraron algo? ¿escondieron algo? No saben, nadie sabe. Ya por la tarde los perros parecen celebrar y dentro del hoyo comienzan a entrar y cae uno sobre el otro. El agua entra y moja primero la tierra, luego a los perros que se hunden bajo el peso de sus pares y aunque es obvio que ya mueren, no dejan de ladrar. Pasa un día, luego dos. Perros se hunden en el agua pantanosa y nadie entiende, menos yo. Pasa otro día y no quedan vivos. Se declara alerta ambiental y se prepara una defensa para las ratas que muerden la carne del perro ahogado ya.

¿Qué encontraron, qué escondieron? El secreto de los perros, que vimos pasar frente a nosotros, no podremos nunca entenderlo.

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