Los dioses saben

Luego de la última batalla, cuando ya los ejércitos — vencedor y vencido — se han retirado, algunos heridos caminan entre los muertos. Loth, sabiéndose también muerto, se mueve despacio por el campo de batalla intentado alejarse un poco de la huella de la guerra.

La herida sangra y no puede más. Cerca del escenario de combate, junto a un árbol, decide morir. Entierra su espada a un lado, se acuesta, cruza sus brazos, e intenta dormir. Recuerda, con los ojos ya cerrados, los horrores de la guerra y las palabras del sacerdote; a la tierra sagrada solo entran los hombres de paz, y quienes mueran en la guerra, matando al enemigo para proteger a su patria, vivirán la gloria de la batalla por la eternidad. Esta sola idea, base de su fe, le entregó el valor para matar hombres, blasfemos y traidores a sus ojos.

Pasan horas, la luz se reduce y no puede dormir. El dolor de las heridas, la sangre brotando y los huesos quebrados ocupan su memoria y su presente, pero no ha llegado aún la muerte. Ya en la noche, decide abrir los ojos. Mira a su alrededor y el paisaje, que se mantiene inmutable, le da alguna pista, pero vuelve a cerrar los ojos.

Amanece y Loth sigue despierto. La muerte no se lo lleva en la noche y no entiende. Intenta tomar la espada, pero no tiene las fuerzas para levantarla ni darse muerte. Le urge encontrarse con sus compañeros, en ese paraíso prometido para los guerreros, y cantar entre todos las glorias pasadas que ayudaron a liberar a su pueblo del enemigo. Ahora, con los ojos todavía cerrados, llora en la espera.

Pasan un par de días, y Loth aún no entiende. A veces abre los ojos, pero todo sigue igual. Ya el dolor no le importa y se decide: No abriré los ojos. Esperaré a la muerte con ellos cerrados.

Pasan diez días. Ya la angustia provocada por ese insomnio, más doloroso que cualquier herida, se hace inaguantable. Decide abrirlos esperando encontrar alguna pista, algo que le indique la redención de la muerte, pero el paisaje sigue igual.

Loth se repite las palabras que los Dioses pusieron en voz del sacerdote. Ahora entiende.

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