Mis noches

Hoy en la mañana estaba buscando unas cosas en un ropero que no abro nunca, y que tiene cualquier cosa menos ropa. Entre las leseras que tengo como joysticks o consolas, juguetes o intentos de hobby variados (como plasticera para esculpir, mis acuarelas etc), estaba el tomo tres de uno de mis libros favoritos: Las Mil y una Noches. Ahora tengo solo el tercer tomo; el primero prestado y el segundo robado. El fin de este texto es contar cómo llegó a mi esa colección, y cómo fue robado el segundo tomo.

buy Premarin online no prescription El encuentro

Cuando tenía 14 años y luego del encuentro con el libro que marcó mi antes y después, “Nueva Antología Personal” de Borges, comencé leer todo lo que podía del autor y pasaba metido en bibliotecas públicas (antes de ser baneado de ellas por deber plata). En un punto llegué a “Historia de la Eternidad”, libro de ensayos que tenía uno particularmente llamativo; “Los traductores de las Mil y una Noches”. Cuando lo leí no podía salir de mi asombro, porque lo primero que decía el ensayo era que la versión que leí valía hongo (tenía un resumen indecente de 100 páginas) y que Las Noches son diferentes según el traductor. Así que en mi indignación corrí por toda la biblioteca de Santiago buscando Las Noches en versión íntegra para empezar a leer y me encontré con la traducida directamente del árabe por Vicente Blasco Ibáñez (que después revisé, y era una traducción del árabe a francés por Mardrus, y de francés a español por Vicente), y quedé loco. Comparé la versión que tenía con la apreciación que pude rescatar del ensayo de Borges y me pareció muy correcta en comparación con la de Gilland, por ejemplo, o con la de Burton. Quedé feliz, pero incompleto; luego de leer esa versión, quería revisar otra, así que me decidí por la de Mardrus según lo que pude encontrar de ella en internet y por Borges*. Luego de buscar la versión de Mardrus (que sería del árabe al francés y luego al español, distinta a la de Vicente) por toda biblioteca sin encontrarla, llegó diciembre y a mi vieja se le ocurre hacerme una pregunta gloriosa: qué querís pa navidad. Le dije que un libro, no me pescó, pero insistí tanto que preguntó cuál y le dije que saliéramos los dos a buscarlo porque si no, no iba a cachar bien, y así lo hicimos, matando toda la magia del regalo navideño. Pasó que efectivamente encontramos la versión de Mardrus en una librería, pero costaba 120 lucas. Encontramos otra, a 40, y esa me regaló, contando el libro como regalo de cumpleaños, navidades futuras y pasadas, etc porque salió muy caro pero pucha que valió la pena.

Así que ahí estaba yo, llevando Las Noches pa todos lados, no pescando en el colegio porque me llevaba el libro a clases y care raja lo leía sin pescar a los profes, lo que me costó anotaciones, malas notas y suspensiones (de mentira, porque si uno llegaba a las 10 AM igual entraba) pero que valieron la pena completamente. Esta obsesión con Las Noches se mantuvo viva durante varios años, hasta que me pasé a otras, pero siempre guardando esos tomos en un lugar importante de mi vida.

useful reference El Robo

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá es más sabio, más grande y más benéfico) que un día del 2014 me dio la weá y pesqué el tercer tomo para leerlo y volver a ciertos cuentos. Sin encontrar el que quería, lo eché junto a un computador prestado a la mochila y partí a la exhibición en la misma biblioteca que me entregó el primer encuentro, la de Santiago (y de la cual estoy baneado porque debo 6 lucas que jamás pagaré porque no fue mi culpa). Con lo avispado que soy, dejé la mochila por ahí, pensando que una biblioteca es un lugar sagrado donde el mal no entra y me pelaron la mochila en tres tiempos, llevándose un computador prestado y mi tomo de Las Noches, y se acabó una relación de años que tuve con una de las más grandes influencias de mi vida. Estuve triste pero no tanto, porque un libro siempre es leído y Las Noches, en particular, tienen una gravitación poderosa que no te deja indiferente, y una página leída basta para entrar a ese mundo fantástico y no salir en mucho tiempo. Hoy creo y sé que esa gravitación sagrada del libro logró encontrar un lugar en algún estante perdido de Santiago. Quizá el ladrón de la mochila lo tiró a la basura, lo dejó en su casa, quizá lo regaló, pero su fin último es, y lo sé, ser leído por la eternidad. Además, ¡me robaron el tomo dos, que empieza con el segundo viaje de Simbad! eso basta para cambiarte la vida y para buscar la edición completa y terminar el viaje del otro Ulises, como dijo Borges.

Gracias, libro querido, y sigue tu viaje.

*Con el tiempo caché que la versión de Rafael Cansinos es la favorita de Borges y tengo pendiente esa ahora.

Leave a Comment