Papitas cocidas

El sábado iba en la micro, casi a las tres de la tarde, desde el Costanera hasta Baquedano. En la micro iba poca gente y me senté casi al final. En la fila contraria, varios asientos más al frente, había un tipo que se veía súper piola, mirando pa fuera re feliz. De pronto, el loco abre la mochila, y saca una papa cocida y se la empieza a comer. Nunca se me había ocurrido- me dije- andar con una papa cocida pa comer en la calle. En volá era del almuerzo y le dio hambre así que entendí. La comió, y después de unos segundos, saca otra. Se la comía lentamente, con las dos manos afirmándola, y con un disfrute digno de la comida más pulenta. El weón fan de las papas -me dije-, pero ahí la dejé.
Pasaron otros segundos y el compadre nuevamente abre la mochila, pero ahora saca un pedazo de zapallo cocido, un poco más grande que una papa normal. Tenía las manos impecables, aún cuando estaba demasiado blando, y lo comía con una incomprensible -para mi- felicidad. Ahí ya estaba cerca de baquedano, así que me preparo para bajar. Veo que abre nuevamente la mochila y toma otra cosa con las manos. No alcanzo a ver, porque me bajo.

Me imagino que andaba con cazuela, y le quedaba el pollito para luego rematar con la sopa. Aún así, papa y zapallo estaban secos, y no les echó sal ni ná. Fue como raro, pero bacán por él. Me hubiese gustado saber qué fue la última weá que sacó de la mochila. infiero una cazuela, pero pudo ser cualquier cosa.

Leave a Comment