Rodin

Nunca supe muy bien qué estudiar. Entre mis quince y diecisiete creí encontrar la respuesta en los libros, siendo literatura o filosofía mis opciones.
Un día entre los días, con ganas de comentar esto con mi familia y saber qué opinaban, me acerqué al dormitorio de mis viejos y dije “ya sé qué quiero estudiar: Filosofía”. Ambos, con asombro, se miraron entre ellos unos incómodos segundos. De pronto mi vieja me mira y dice: “Y qué vai a hacer, ¿pensar?”, y se lleva la mano al mentón y hace esa famosa pose, la del Pensador de Rodin. Se cagaron de la risa.

Pasaron los días y entendí que era una buena pregunta. Andaba buscando una justificación para leer sin que me dieran jugo y encontré en esa o esas carreras, un escape fácil, pero nicagando hubiese sido feliz haciendo eso.

Gracias, vieja, por esa pregunta. Sin ese arranque de brillantez tuyo, no estaría haciendo la mierda que hago hoy día, que me hace feliz, y estaría quizá más pobre (lo cual es mucho decir).

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