Voy un poco tarde

A veces me atraso tanto que olvido levantarme. Partí tardando un cuarto de hora, luego pasé a dos, y al final de ese año me tardaba ya una hora. Cada día que pasó me detenía más la cama, más la ducha, más la casa. Un día prometí ir sabiendo que no iba a salir. Se enojaron conmigo y gritaron y entendí, pero no tanto. Ahora agendo citas, viajes, juntas y comidas y sé que no saldré y saben que no llego, pero algo me obliga a hacerlo. A veces, cuando reservo un restaurant, me levanto temprano y me preparo, me visto bien y miro al espejo un rato, luego me acerco a la puerta, preparo un saludo, pero la toco sin abrir. Converso imaginariamente con los otros y se ríen de mis chistes y me intereso en sus anécdotas. Luego me acuesto cansado y ansioso, esperando verlos de nuevo mañana.

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